llueve sobre mojadoTemasEnlaces |
La columna: "Qué bien", de Juan José MillásProfunda crítica a l’actual frivolització del periodisme, Millàs utilitza l’ironia de forma subtil per aconseguir fer-nos reflexionar. Sobre les futileses de les que a vegades parlen els diaris, sobre el fet de no encarar-se a temes importants, de relegar a un segon terme els fets principals.. i per què no? Per vendre’ns a l’”audiència”? Crec que és interessant, sobretot pels que ens volem dedicar a aquesta feina. “El progreso no tiene límites. Ya hemos conseguido que la noticia de un puente sean los atascos y no los muertos. En las últimas fiestas se mataron unas 40 personas (no me pidan exactitud en un asunto tan banal) y otras tantas permanecen en los hospitales debatiéndose entre la vida y la muerte o entre la paraplejia y la tetraplejia. Pero la noticia de primera página fue lo que tuvimos que sufrir para darnos un chapuzón en la playa. No nos hemos dejado engañar por el señuelo retórico de los accidentes mortales, no. Lo importante no era la velocidad con la que hemos alcanzado el más allá, sino la demora con la que hemos llegado a Benidorm. Aún tenemos en la retina la expresión de los sufridos ciudadanos entrevistados a pie de atasco, con el volante entre las manos. “Hemos salido de Madrid a las 6 y en dos horas hemos recorrido cuatro kilómetros”. Un notición, sobretodo comparado con la tragedia que acaba de suceder unos kilómetros más allá, donde una familia entera había perecido al derrapar su coche en una curva. Gracias a la tele, conocemos los rostros de los conductores atascados y parte de sus vidas. Muchos iban con el bebé a pasar unos días en la playa, para que el niño conociera el mar. “Todavía no ha visto el mar, no sabe lo que es una ola”. Ahí está la noticia, sí, señor. Qué olfato para captar lo importante, lo singular, lo decisivo, lo conmovedor. Quizá en otras profesiones haya chapuzas, pero en la nuestra no. De hecho, no se sabe de ningún periodista que se haya dedicado a averiguar el nombre de los muertos, sus profesiones, sus deseos, cuántos huérfanos dejan o qué le va a costar su hospitalización o su ataúd a la Seguridad Social. Una vez más, curiosamente tras la equilibrada cobertura que dimos a la muerte del Papa, hemos sabido ver en dónde estaba la noticia y a por ella nos hemos dirigido sin prestar oídos a los ayes de los heridos, a la palidez de los cadáveres, al crujir de las familias rotas... ¿A quién le importan 40 muertos frente a las colas interminables que han tenido que soportar 200.000? Enhorabuena a mis colegas y a todos los periódicos por esas primeras páginas en las que lo secundario quedó relegado, por fin, a un segundo término". 11/05/2005 21:32 Comentarios » Ir a formulario |
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